Conviviendo con el diagnóstico de lupus.

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Cuando el médico te diagnostica una enfermedad se produce desconcierto, y luego se acumulan en tu mente una serie de interrogantes que tienen que ver con el origen y el pronóstico de la afección, pero sobre todo lo que pasa por nuestra cabeza es ¿Qué es eso? Y ¿Por qué a mí?

La primera vez que escuche la palabra lupus en mi cabeza sólo había la imagen de un lobo rondando, y recordé las clases de latín en el colegio. Luego de unos minutos de divagación escuché a lo lejos la voz del galeno que me sacó de mi letargo. ¿Sabes lo que es el lupus? Preguntó, y ante mi encogimiento de hombros procedió a explicar, con un tono de voz pausado (O así lo oía yo en mi cabeza, como en cámara lenta), es una enfermedad reumática, autoinmune y sin cura. Dije en una voz apenas audible, ¿Cómo? Y prosiguió- en las personas que padecen esta condición el sistema inmune ataca las células y al tejido sano pudiendo causar daño en el corazón, la piel, los riñones, las articulaciones, los vasos sanguíneos… A estas alturas deje de escuchar volví a meterme en mis más profundos pensamientos hasta que escuche- tienes otra pregunta- Logré articular- no ninguna, y me levanté de allí con una especie de sentencia de muerte en mis pensamientos.

Pasado el estupor inicial y los días de llanto fácil, decidí documentarme y entender que cualquier persona puede tener esta enfermedad, y cuáles eran las opciones que tenía para afrontarla con madurez y aplomo la situación. Los síntomas que se pueden presentar son: inflamación de las articulaciones, dolor en los músculos, fiebre inexplicable, dolor en el pecho, pérdida del cabello, color pálido o morado en los dedos de los pies y de las manos, cansancio, úlceras en la boca, ojos hinchados, entre otros, menos comunes. Y que a partir de la sintomatología presentada se tiene buscar al especialista para tratar las novedades que irían apareciendo. En mi propia piel comprendí que podría sobrellevar esta prueba siendo consecuente y organizada, en mis consultas médicas y en los tratamientos indicados.

Hoy doy testimonio que a pesar de las adversidades se puede tener una vida plena, siempre que se lleve un control y un estilo de vida sana, que tus mejores aliados son los profesionales de la salud que te guían en el proceso. Contra todos los pronósticos que me hice al escuchar el diagnóstico soy una persona feliz y realizada. Lo importante es no rendirse porque no hay nada que nos impulse más que nuestra propia fuerza interior.

Fuente: niams.nih.gov

 

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